Que nadie toque tu autoestima

¿A qué nos referimos cuando hablamos de autoestima? No es mi intención analizar desde un punto psicológico lleno de conceptos y definiciones el término, sino cómo nos afecta realmente la autoestima en nuestro día a día.

Tener autoestima es entendido como “quererse mucho”, así es en realidad: valorarse, creerse capaz de hacer cosas, confiar en uno mismo, reconocer nuestras fortalezas.

En el entorno laboral nos enfrentamos a cantidad de situaciones en las que nuestra autoestima se resiente. Bien porque otros nos hacen dudar de nuestra capacidad o bien porque percibimos que no vamos a ser capaces de resolver una situación que se nos presenta.

En el primer caso, ¿por qué nos dejamos influir por la opinión de los demás?

Es como el niño al que sus padres etiquetan y le dicen a los demás: “es que no habla mucho porque es muy tímido” y llega un momento en que se lo llega a creer (soy tímido). Se auto-etiqueta con ese adjetivo impuesto por otros y nadie se plantea que quizás existan cantidad de motivos por los que al niño no le apetezca hablar.

Si te auto-etiquetas con las frases “es que yo soy muy torpe”, “es que me yo no tengo esta habilidad”…al final te lo acabarás creyendo y ten por seguro que si el que te etiqueta es otro, te lo creerás aún más.

Por eso te diré: ¡no permitas que toquen tu autoestima!

No dejes que personas de tu entorno laboral proyecten en ti su insatisfacción o incompetencia, es lo más fácil para sentirse mejor, una vía de escape para no reconocer sus limitaciones o afrontar aquello para lo que no están preparados.

Y en el segundo caso, ¿por qué nos limitamos a nosotros mismos? Nuestras propias creencias son el enemigo que tenemos en casa, el que no nos deja crecer y avanzar.

Y por eso también te diré: ¡valórate, quiérete y demuéstralo!

No permitas que el enemigo que llevas dentro (tus creencias limitantes) pueda más que tú: eres capaz, lo vas a hacer y conseguirás resultados.

Nuestra autoestima va pasando por diferentes fases a lo largo de nuestra vida, es como una montaña rusa de emociones, mantenerla constante requiere tiempo y fuerza interior. No tires ese trabajo por la borda: mímate, rodéate de gente que te valore y huye de los que, aunque sólo sea por un segundo, te hayan hecho dudar de cuánto vales.

La autoestima se traduce en seguridad y confianza y eso se transmite a los demás, tu propia autoestima puede ayudar a los otros a cultivar la suya, pueden verte como un  ejemplo a seguir y un espejo donde mirarse.

¿Y yo cómo tengo la autoestima?

Las personas con alta autoestima (entendida como cualidad y no como narcisismo) suelen reunir las siguientes características:

  • Se sienten seguras para defender sus argumentos
  • Confían en su criterio y capacidad
  • No se cree superiores ni inferiores a los demás
  • Respetan a los que le rodean
  • Reconocen y afrontan sus errores
  • Valoran el talento de los demás
  • No les cuesta pedir ayuda cuando la necesitan

En cambio las personas con baja autoestima se caracterizan por:

  • Insatisfacción constante
  • Son muy sensibles a la crítica
  • Son demasiado perfeccionistas y autoexigentes
  • Exageran la magnitud de sus errores
  • Son muy indecisos

Y tú… ¿en qué grupo estás?

Si estás en el primero ¡enhorabuena!

Y si estás en el segundo, no te preocupes, la autoestima se puede entrenar, sólo es cuestión de tiempo.

Este artículo fue publicado por primera vez en http://www.lanuevarutadelempleo.com

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