¿ME ACOMPAÑAS EN EL CAMINO DIFÍCIL?

Hace unas semanas publicaba esto en LinkedIn:

El impacto que tuvo en interacciones y visualizaciones fue de los más altos hasta ahora…Y pienso si somos conscientes cuando elegimos el camino fácil y si lo somos también al escoger el difícil.

Tú que has decidido ir por el difícil, dime si no has flaqueado alguna vez, si no te has planteado en ocasiones ¿merece la pena?, si no te has preguntado (aunque sea por un segundo) ¿seré una especie rara y lo normal es ir por el fácil?

Eliges el camino difícil cada vez que…

NO JUZGAS A QUIEN TIENES ENFRENTE 

Ni conoces todo de esa persona, ni sus circunstancias, ni su pasado, ni su situación.

Juzgar es fácil porque es cómodo, porque no tienes que pensar demasiado: observas, extraes una conclusión rápida y acto seguido das tu opinión juzgando.

Incluso vamos más allá: juzgamos aquello que incluso nosotros mismos hemos hecho alguna vez, justificando (eso sí) que en nuestro caso “era la única opción posible”.

Ni te imaginas lo complejo que es no juzgar. 

Lo hacemos muchas veces de forma inconsciente, como si saliera solo (aunque sólo lo pensemos).

Así que el hecho de tomar consciencia, decirte a ti mismo que no estás aquí para eso y que tu supuesto derecho a juzgar puede ser lo más injusto del mundo para alguien es, de verdad, muy difícil.

ESCUCHAS TODAS LAS VERSIONES DE LA MISMA HISTORIA 

Volvemos a la comodidad: te creo a ti, sin escuchar a los demás porque me convence tu historia, porque siento preferencia por ti y así no me esfuerzo en ser objetivo o porque me da tanta pereza escuchar a todos los implicados, que me quedo con el primero que me lo cuenta.

Difícil no, lo siguiente. 

Poner todas las versiones sobre la mesa, ser objetivo con lo que ha ocurrido, tratar el problema y no atacar a la persona, no dejarte llevar por la simpatía que tengas a unos u otros, evitar poner etiquetas a los implicados y no alimentar emociones negativas es mucho más complicado de lo que parece.

ERES HONESTO CONTIGO Y RECONOCES TUS ERRORES

Nos cuesta reconocer que quizás no hemos estado acertados, justificamos por todos los medios el fracaso o el error y lo atribuimos, en la medida de lo posible, a causas externas a nosotros.

La honestidad con uno mismo cuesta muchísimo.

Abrir tu mente para reconocer errores, valorar si de verdad esa era la mejor opción, darte cuenta de que pudiste precipitarte en la decisión e, incluso, ser consciente de que debías haber puesto más de tu parte es un acto brutal de honestidad con uno mismo.

ERES GENEROSO Y NO ESPERAS NADA A CAMBIO

Hacer algo porque sí ¿y qué gano yo con esto? Porque si no, no lo hago.

Alegrarse por los demás…¿acaso se alegrarían ellos por mi?

Emplear tiempo en ayudar al otro…mejor que empiece él y ya si eso, ayudo yo.

Ser generoso y que forme parte de ti, porque sí, porque quieres hacerlo. Uffff cuesta, ¿verdad?

Dar sin esperar, entregar porque es tu forma de ser, seguir dando aunque sepas que no vas a recibir absolutamente nada, convertir tu tiempo en un regalo para otros y aun así no dejar nunca de hacerlo.

Porque forma parte de ti, de tu propósito y de tu felicidad.

ERES CAPAZ DE PASAR DÍAS SIN QUEJARTE

Hay profesionales de la queja: a todas horas, por cualquier motivo, con todos, instalados de manera permanente en la queja. Eso te aleja de los demás y peor aún, no soluciona absolutamente nada en tu vida.

Quejarse es no hacer nada.

Apartar la queja para hacer, hacer y hacer.

Hacer desaparecer los lamentos, los lloriqueos continuos, dejar de regodearnos en lo malo que nos ocurre, ver qué podemos hacer con lo que tenemos y poner foco en lo que sí está bajo nuestro control requiere mucho trabajo y nadie dijo que fuera fácil.

ACEPTAS Y DEJAS IR

Una de nuestras grandes ataduras: estar en constante lucha con nosotros mismos por no aceptar lo que nos pasa.

Aceptar nos libera, nos da alas, nos deja seguir.

Eres valiente cuando eliges el camino de la aceptación, ese es el difícil. De otra forma te instalarías de nuevo en la queja y en la frustración constante.

Y no lo confundas con la resignación, que es muy diferente. 

Te resignas cuando asumes lo que te pasa porque así lo has decidido, aunque puedas hacer algo para cambiarlo.

Aceptas cuando dejas de luchar contra aquello que no depende de ti y buscas otro camino para ser feliz.

PERDONAS PARA AVANZAR

Nos dejamos arrastrar por el rencor, por el recuerdo constante del daño que nos han hecho, por el resentimiento hacia algo que ocurrió hace mucho tiempo.

Perdonar te permite avanzar tanto si quieres mantener cerca a esa persona como desvincularte de ella para abandonar lo que te hace daño.

Serás capaz de perdonar cuando cambies la emoción que te provoca ese recuerdo por otra mucho mas saludable para ti, cuando comprendas que el rencor te ata aún mas a esa persona, cuando te enfrentes al perdón desde la humildad y la generosidad…Cuando te des cuenta de lo que podrías perderte por no perdonar.

Y no hace falta siquiera que el otro lo sepa, quizás esa relación quedó en el olvido y es mejor no retomarla, pero si perdonas para tus adentros, para ti mismo, porque lo necesitas para avanzar, te habrás hecho un gran regalo. Y no es fácil, en absoluto.

Nunca dudes al elegir el camino difícil, porque te estás eligiendo a ti.

Cómo interpretamos la realidad

La realidad de las cosas es la que es.

La realidad de lo que nosotros creemos que ocurre es otra.

Y la realidad de lo que ven los demás es otra también.

¿Eres consciente de que tu realidad es la que tú percibes o interpretas?

Desde la Psicología existen varias formas de explicar esto.

A nuestro cerebro no le gusta nada que algo no encaje (¿a quién sí? 😉), necesita tener todas las piezas bien ordenadas. Así que cuando esto no es así, busca herramientas o modos de que el puzzle tenga sentido…para él.

A esto le llamamos disonancia cognitiva, cuya teoría planteó el psicólogo social Leon Festinger en 1957, que no es otra cosa que asegurar la coherencia entre nuestras creencias, actitudes y conductas. Con el fin de mantener esa armonía que todos buscamos, las personas hacemos frente a la incoherencia (cuando aparece) tratando de evitarla.

Esa contradicción también se evita dándole poca importancia al asunto o eliminando los pensamientos sobre ello.

Se da en esas situaciones que vivimos cada día, cuando buscamos argumentos o elaboramos nuestros pensamientos llevándolos a nuestro terreno, con el único fin de todo encaje.

En esos momentos perdemos la objetividad porque necesitamos creernos eso que nos decimos, no queremos entrar en un conflicto interno.

¿No te ha pasado muchas veces?

Cuando te dices:

“bueno, quizá no haya hecho tan mal en decirle esto”

“si lo miras bien, es lo mejor que podía pasar”

“lo ha hecho para fastidiarme, es así de egoísta”

“total, se puede hacer una excepción conmigo”

“bueno, tampoco pasa nada si no hago esto ahora”

Nos reafirmamos viendo las cosas desde nuestro prisma porque nos beneficia para nuestra paz interior.

Es algo lógico y normal, forma parte del ser humano y se da en muchas mas ocasiones de las que imaginamos. A veces en temas sin importancia de nuestro día a día: cuando comes demasiado estando a dieta y te dices “bueno, por un día no pasa nada, ya lo compenso mañana”. Cuando no te apetece ir a hacer deporte y te dices: “es que hoy se me complica porque no tengo tiempo o estoy muy cansado”.

Pero sí es cierto que la disonancia se puede complicar en temas importantes: imagina trabajos en los que entra en conflicto lo que debes hacer con tus valores. Por ejemplo, un comercial que es consciente de que su producto no es bueno, pero tiene que venderlo para no perder su trabajo. Aquí tendrá que autoconvencerse con argumentos de peso que le lleven a aliviar esa disonancia.

En otras situaciones surge la disonancia cuando queremos justificar un comportamiento del que no estamos orgullosos y atribuimos la causa a que la situación nos llevó a ello, que otra persona tiene la culpa o que era la única opción sin remedio. Nos autoengañamos, al fin y al cabo.

Es normal, nos alivia, hace que dejemos de rumiar pensamientos continuos sobre algo que está hecho, nos aleja del sentimiento de culpa y deja paso a la armonía que buscamos.

¿Cómo hacemos frente a esto?

  • Siendo conscientes de la realidad: nos guste o no. ¡Ojo! Realista se confunde muchas veces con pesimista o pensamiento negativo. En absoluto.
  • Haciéndonos responsables de nuestros actos: no hace falta fustigarse ni darle mil vueltas a las cosas. Asumimos, aceptamos y vivimos con ello. Hay una gran diferencia entre la aceptación y la resignación 😉
  • Eligiendo nuestra actitud: siempre hay un resquicio del que tirar, una parte que nunca va a escapar a nuestro control. Y es la actitud que quiero tener ante los acontecimientos.
  • Reconocer los sesgos, ser conscientes de que quizás estamos utilizándolos para nuestro propio bien. ¿Y sabes qué?…Que no pasa nada.
  • Analizando las dos caras de la moneda y tomando objetivamente aquello de cada una de ellas.
  • Escuchando la aportación de otras personas, sopesar otros puntos de vista nos ayuda a salir de la realidad que queremos percibir (para bien y para mal).

Es evidente que no podemos hacerlo todo el tiempo, al final la disonancia es un mecanismo de defensa, pero ni todo es blanco ni todo es negro.

Dime si no has percibido mil disonancias en ti y en los demás, a raíz de la situación que estamos viviendo con el coronavirus.

 

 

¿Cuál es tu propósito?

Hace unos días, hice una publicación en LinkedIn en la que hablaba de la satisfacción que sientes cuando pones a dos personas en contacto para desarrollar un proyecto profesional.

 

Me dí cuenta de que algunas personas habrán pensado si ese es el objetivo de mi trabajo y mi respuesta es no.

Ese es el propósito de mi trabajo.

Los objetivos son medibles y específicos, marcan a dónde quiero llegar y si hago cosas que no me acercan a ellos, es evidente que no los voy a conseguir.

Muy diferente a esto es el propósito, ni lo mides ni lo monetizas. Porque va mucho más allá de metas y objetivos, es la razón de todo, es el último eslabón de la cadena.

Y si no hay propósito, te quedas corto en tu desarrollo profesional.

VEAMOS MÁS ALLÁ… Seguir leyendo

¿Le das suficiente importancia a tu talento?

Hace un mes viajé a Finlandia de vacaciones, un país precioso con un paisaje espectacular.

Te cuento esto porque la idea de este post surgió en el avión de ida a Helsinki.

Leyendo una de las revistas del avión, me llamó la atención una entrevista que le hacían a una periodista finlandesa en la que decía que, el problema de que su país no tuviera tanto turismo como les gustaría, era porque los propios finlandeses no creían que lo bonito de su país fuera a ser valorado en el exterior tanto como ellos lo valoran. Seguir leyendo

¿Cómo te describirías?

Hice esta pregunta hace un tiempo en una de mis sesiones de desarrollo profesional de alguien que estaba en proceso de cambio de trabajo.

Un puesto que no le aportaba mucho a su carrera profesional, con un ambiente difícil (podríamos decir incluso hostil) y un superior con poca capacidad para gestionar personas. Eso por resumir.

No fue capaz de responder a la pregunta…

¿Cómo podía ser posible, tras haber trabajado el autoconocimiento, haber escrito y reconocido sus competencias y verse animado a hacer su propuesta de valor?

Después me lo explicó.

“Me paso 8 horas al día fingiendo ser una persona que no soy, callando para no meterme en problemas, haciendo lo imprescindible para que nadie me diga que no cumplo, siguiendo órdenes porque las sugerencias no se admiten, sin momentos distendidos en los que hacer gala de mi buen humor y ¡qué decir de contar algo sobre mi vida o mis inquietudes! Así que llego por la mañana, me pongo la máscara y así todos los días. Por lo tanto, no te puedo contestar a esa pregunta en estos momentos.”

Un testimonio brutal, ¿verdad?

Esto me lleva a escribir este post, a tratar de desgranar esta situación y a reflexionar sobre ello.

TÚ NO ERES TU SITUACIÓN

Que te comportes de una forma para protegerte del entorno, no significa que seas así ni que tu forma de ser se defina por eso.

Eres la misma persona, con las mismas características y cosas buenas, lo que pasa es que, las escondes o no te aporta nada bueno mostrarlas, pero no eres otro, en absoluto. Todo sigue ahí, lo que está debajo de esas “capas” sigue siendo tu esencia y ese eres tú.

NO TE CONVIERTAS EN LA PERSONA QUE NO QUIERES SER

La supervivencia en entornos no agradables hace que te pongas una máscara, una coraza para que te afecte lo menos posible.

El hecho de que desarrolles tácticas o estrategias para “sobrevivir” no debe confundirse con que acabes creyendo que tú eres el tipo de persona que no hubieras deseado, que has perdido lo que te caracterizaba antes y que ya no eres la misma persona. Lo eres, pero has decidido no mostrarte.

TUS ATRIBUTOS NO HAN CAMBIADO

El término atributo se suele utilizar en psicología y hace referencia a lo que caracteriza a una persona: poseemos atributos físicos y psíquicos.

Los atributos por los que todos te conocen y te das a conocer son tu forma de ser, van contigo y salen a la luz ahí cuando estás en un contexto relajado, en situaciones diarias y en aquellos momentos en lo que te sientes cómodo y libre.

DISFRUTA SIENDO TÚ CUANDO EL ENTORNO TE LO PERMITA

Aprovecha momentos, dentro de esa máscara, en los que puedas mostrarte y comprobar el impacto que tus atributos (recuerda que son positivos) tienen en los demás. Puede que sean pocos instantes, por eso, vívelos y disfrútalos.

NADA ES PARA SIEMPRE

¿Era una serie de TV, verdad?

Una situación así es temporal, cree y confía en que es así. Siempre y cuando hagas algo para que cambie, claro. Si la solución es irte, pon todas las acciones en marcha para que ocurra, define objetivos, crea estrategias y ponte a ello.

A raíz de este tema, me planteo si podríamos darle la vuelta a la situación…

                                               ¿cuántos hacen lo contrario?

Ponerse la máscara de lo que los demás desean ver o de lo que les interesa que vean de ellos (aunque no sea cierto).

¿Dónde queda la marca personal de verdad?

Porque si la marca personal es lo que dicen de ti cuando no estás, ¿cómo sabemos si eso que dicen se corresponde con la realidad o con lo que esa persona nos ha querido mostrar y nos lo hemos tragado?

Llega un momento en que no sé si podremos confiar o no en lo que vemos en las otras personas, porque no nos garantiza que sean así realmente.

  • Demasiados postureos en redes sociales.
  • Demasiados selfies con personas de referencia en un sector.
  • Demasiadas publicaciones en las que estamos super ocupados.
  • Demasiadas reflexiones vacías de contenido.
  • Demasiado protagonismo para que piensen lo que yo quiero que piensen.
  • Demasiada visibilidad mal entendida.

En este caso, ocurre que…

TE CREES TU SITUACIÓN

Fomentas en redes aquello que quieres que vean de ti. Que sea cierto solo algunas veces o nunca es otra cuestión, el caso es que acabas creyéndote ese mundo ideal que has creado.

NO TE CONVERTIRÁS EN LA PERSONA QUE QUIERES SER

Mostrar lo que desearías ser, no te convertirá en esa persona, en absoluto. El papel de los actores en las películas termina cuando llegan a su casa y vuelven a ser quiénes son. Si te gusta demasiado tu personaje, mucho mas que tú, tienes un gran problema.

CAMBIAS TUS ATRIBUTOS SEGÚN TE CONVIENE

Ahora soy esto, mañana lo otro. Si te conviene mostrar otros atributos diferentes (que no posees) según el contexto o la situación ¿cómo podemos saber cuáles son verdad y cuáles no?

SOLO VAS A DISFRUTAR CUANDO NO ERES TÚ

La imagen que quieres dar es la que te hace sentir bien y es la única fuente de satisfacción para ti. ¿Merece la pena disfrutar de no ser tú?

NADA ES PARA SIEMPRE

La situación de imagen irreal no se sostendrá en el tiempo, desde fuera “se ve todo”. Algún día se desmontará el escenario, la función acabará y los actores tendrán que volver a su papel de ellos mismos.


No hay mejor marca personal que ser TÚ: con tus éxitos y fracasos, con tus aciertos y equivocaciones, con tus seguidores y detractores, con tus alegrías y penas.

Si algo no te gusta de ti, si te gustaría llegar a donde ahora no llegas, si crees que podrías mejorar en algo, haz todo lo posible por poner en marcha acciones que te lleven a ello.

Las pelis, mejor en el cine…¡o en Netflix!

 

3 AÑOS DE BLOG: HOY TE TOCA A TI

Este mes de mayo cumplo 3 años de blog: mi espacio, tu espacio, el lugar en el que quiero que te sientas como en casa. No sé si eres consciente de lo feliz que me haces cuando te pasas a verme por aquí.

He compartido contenidos diversos en los que mi objetivo siempre ha sido el mismo: que te lleves algo que te haga reflexionar y te invite a poner acciones en marcha.

Y como sabes, siempre que puedo, trato de vincular la psicología al desarrollo profesional para acercarte mi pasión por aquella carrera que comencé en el año 1994.

Han pasado muchas cosas en estos 3 años y en casi todas tú tienes mucho que ver. Seguir leyendo

Ella brilla, nosotros brillamos #HoyBrillaElenaArnaiz

Elena Arnaiz tiene una misión en la vida: hacer brillar a las personas.

Ella dedica espacio en su blog, en sus redes sociales, en sus publicaciones, en sus cursos y conferencias a mostrar el brillo de otros.

Así que me dije: “ya es hora de darle espacio a ella, se merece esto y mucho más”.

Siempre digo que aprendo mucho de ella y ¡es que es verdad! Sé que le hará tremendamente feliz que te cuente algunas de esas cosas para que te ayuden en tu desarrollo profesional. Si solo dedicara este post a hablar de sus bondades…le daría un disgusto, como poco. Seguir leyendo

¿Subjetividad en la entrevista? distorsiones y sesgos

En nuestra vida diaria estamos rodeados de estímulos y contextos que hacen que percibamos e interpretemos la realidad de una forma concreta.

Tratamos de ser objetivos (bueno…muchas veces no demasiado) en cuanto a la toma de decisiones, a la valoración de puntos de vista o a la hora de ponernos en el lugar de otra persona, con el fin de recopilar información y dar una respuesta basada en la lógica y extrayendo conclusiones en base a hechos puramente objetivos.

Lo intentamos, sí, pero no lo conseguimos al 100%.

¿Por qué ocurre esto? Seguir leyendo

No existe fórmula mágica para la entrevista

Me encantaría darte pautas para tener éxito en una entrevista de trabajo, enumerarte las claves a tener en cuenta e incluso decirte qué deberías responder a esta o aquella pregunta…

De verdad que me gustaría.

Pero lamento decirte que no se trata de estudiar qué contestar, de planear un discurso estándar que vas a transmitir, ni siquiera de ser original y dar con esa respuesta que el entrevistador está deseando escuchar. Seguir leyendo

¿Sabes cual es el poder de las palabras?

El lenguaje es poderoso, no sabes cuánto.

Tendrás mil propósitos para el 2019, seguro que sí y la forma en que los transmites, los escribes o te los dices a ti mismo cambia mucho dependiendo de las palabras que utilices. Es decir, que en base a cómo lo digas, implicará que los lleves a cabo o no.

Te invito a modificar la forma en que utilizas las palabras para que sean de verdad efectivas: Seguir leyendo