QUÉ NO DEBERÍAS HACER PARA BUSCAR EMPLEO

A lo largo del año pasado, he comprobado en las formaciones que he impartido y con las personas a las que he acompañado de manera individual, algunos puntos en común sobre los obstáculos y limitaciones que se encuentran a la hora de buscar empleo.

Comenzamos analizando lo que están haciendo para buscar empleo y la gran mayoría de las estrategias que utilizan no son las adecuadas y existe una mínima posibilidad de que, si lo siguen haciendo, el resultado sea positivo.

Por eso, haciendo una lista de todo ello, reflexionando sobre sus preocupaciones y detectando aquello que observo cada día he escrito este post, con una relación de aquello que “no deberías” seguir haciendo a la hora de enfrentarte a la búsqueda de empleo.

NO CONFIAR EN TI

La base del proceso de búsqueda es la autoconfianza, es decir, si no eres capaz de pensar que lo vas a conseguir…mal vamos.

Cuando afrontas esta situación con bajas expectativas y con la creencia de que hagas lo que hagas no vas a obtener resultados, se cumple la profecía (de esto te hablo en este post).

SEGUIR HACIENDO LO MISMO, ESPERANDO QUE ALGÚN DÍA FUNCIONE

Lo repetimos muchas veces: “Si quieres resultados diferentes, tendrás que hacer cosas diferentes”. Y es verdad, sigues utilizando los mismos canales, continúas entrando siempre en las mismas páginas, hablas siempre con las mismas personas (que por desgracia, no pueden darte oportunidades de empleo aunque quisieran) y envías sistemáticamente el mismo CV y la misma carta.

¿Te has parado a pensar alternativas?

¿Hacemos una lista sobre lo que jamás te ha funcionado y lo que aún queda por explorar?

DEJAR DE CONOCER PERSONAS

Como no trabajo, ya no soy interesante a nivel profesional.

¿Has pensado que eres la misma persona con trabajo o sin trabajo?

¿Eres consciente de que tu profesión es la misma y eres tan profesional  como antes?

De verdad, no puedes castigarte dejando de acudir a jornadas y eventos a los que ibas cuando tu trabajo te lo permitía. No dejes de ir a saludar o tomar un café con personas que ya conocías por tus anteriores trabajos. No estás en un equipo diferente ni de inferior categoría, ha cambiado tu situación, no tú. Ahora tienes un problema que antes no tenías y ante una dificultad, haces como todos: buscar una solución.

Ahora tienes la posibilidad de seguir conociendo personas en diferentes lugares, puedes aprovechar para acudir a formaciones, charlas y eventos en los que vas a conseguir ampliar tu red de contactos y hacer que te conozcan.

¿Has pensado que en cualquier momento alguien se puede fijar en ti?

PASAR OLÍMPICAMENTE DE LAS REDES SOCIALES

Lo sé, eso no es para ti. No te gusta nada, tú solo miras tu Facebook y así sabes lo que hacen tus amigos…pero nada más.

No te estoy pidiendo que seas Community Manager, ni que tengas que escribir un blog, ni que aspires a convertirte en un influencer…nada de eso. Pero es que si no estás, no te enterarás de cosas, no darás con información interesante, no llegarás a ofertas que te pueden interesar y nadie te va a ver.

¿Sabías que hay empresas que solo publican sus ofertas en redes sociales?

¿Eres consciente de que hay reclutadores que hacen búsquedas de perfiles en redes sociales profesionales?

¿Cómo podrías seguir en contacto con personas que te pueden ofrecer oportunidades de trabajo, si no es a través de redes? Si no te he convencido aún, léete este post.

BUSCAR EN PORTALES (SOLO) CUANDO ESTÁS ABURRIDO

Te prometo que lo he oído varias veces: “Yo busco cuando tengo un rato, cuando me aburro un poco entro en tal portal de empleo y miro ofertas”.

Lamento decirte que eso no es buscar, es esperar a que llegue la oferta (que probablemente no llegará) justo en el momento en que te ha dado por dar una vuelta por internet. Quizás tengas más suerte con la Lotería de Navidad, ya puestos a pensar en probabilidades…

Supongo que sabes que el mayor porcentaje de ofertas que existen en el mercado laboral, no están en los portales de empleo. Estás acotando demasiado tus opciones si solo miras ahí y más aún si lo haces de forma irregular.

NO SABER EN QUÉ ERES BUENO

Cuando te preguntan sobre ti, no sabes qué contestar…¡nunca te lo habías planteado! Desconoces qué saber hacer bien, en qué eres bueno de verdad, qué habilidad especial tienes o qué competencias has sido capaz de desarrollar hasta ahora.

¿Sabes lo que es el autoconocimiento?

Reflexiona, piensa, haz tu lista de fortalezas y rebusca entre tus logros. Solo así serás consciente de lo que puedes ofrecer a las empresas.

NO TENER DEFINIDO TU OBJETIVO

“Busco trabajo de lo que sea”. El año pasado escuché esta frase 2017 veces, más o menos.

Y es que “de lo que sea” nunca es lo que parece que es.

Si tienes una experiencia en un sector o en varios, una formación concreta y unas habilidades deberías ser capaz de saber qué tipo de trabajos o empresas encajan con lo que les puedes ofrecer.

Y esas empresas serán tu objetivo en la búsqueda y les tendrás que decir en qué eres bueno y qué sabes hacer para optar al puesto X. Pero, claro, antes tienes que conocerte. ¿Recuerdas el autoconocimiento del punto anterior? Pues por ahí va el tema…

NO TENER NI IDEA DE CUÁL ES TU PROPUESTA DE VALOR

En realidad lo sabes, lo que pasa que no te has parado a pensarlo ni a reflexionar. Aún no has hecho esa lista de fortalezas y cosas buenas, no te has atrevido a preguntar a los demás cómo te ven y qué creen ellos que haces bien.

Es lógico porque nadie nos prepara para ello, estudiamos durante años, trabajamos otros muchos, vamos pasando de unas empresas a otras y no nos hemos parado a pensar:

¿Por qué me valoran de verdad?

¿Qué tengo yo que el resto no tiene?

¿Qué me diferencia de otros?

Nunca es tarde, dale mil vueltas hasta que des con ella. Las claves en este post.

NO SABER COMUNICAR LO BUENO QUE ERES

Todos los días comunicamos, a todas horas lo hacemos y deberíamos saber cómo contar nuestra historia profesional, nuestra propuesta de valor y por qué deben elegirte a ti y no a otro. Pero fallamos, nos cuesta, se nos hace un mundo cuando tenemos que presentarnos (lo veo cada días en los cursos), nos morimos de vergüenza.

Aquello que te cuesta trabajo…¡a entrenarlo!

Si te da miedo…¡hazlo! (con miedo) pero hazlo

Aunque te dé vergüenza…piensa que no eres el único, ¡a todos nos ha pasado!

Es probable que solo tengas una oportunidad para comunicar tu talento, puede que te encuentres con el reclutador en cualquier momento o quizá conozcas a alguna persona que te puede dar una oportunidad. Y tienes que explicarle (a veces brevemente) quién eres y en qué eres un crack. Y ahí la capacidad de comunicación es clave.

NO PASAR A LA ACCIÓN, CON UN PLAN DE ACCIÓN 😉

Si buscas trabajo, debes planificar cómo lo vas a hacer. Una vez tengas tu objetivo definido hay que ir a por él y la forma de hacerlo es a través de un plan de acción. Tendrás que organizar lo que vas a hacer cada día, qué metas te vas a ir poniendo a la semana, qué recursos necesitas, qué personas están implicadas, cuánto tiempo te va a llevar cada día.

Imagínate cuando planeas un viaje: todo requiere unos pasos que debes ir dando hasta llegar al destino. Para llegar a una fase tendrás que haber realizado otra antes ¿verdad? Pues lo mismo para tu plan de acción, paso a paso, de tal forma que cada avance te acerque cada vez más a tu objetivo.

Una vez tengas el plan, pasa a la ACCIÓN. Si solo lo escribes no servirá de nada, tienes que seguirlo y no dejar de hacer.

¿A que no es lo mismo apuntarte al gimnasio que ir al gimnasio?

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¿TE PREOCUPAS O TE OCUPAS?

Este último post del año, he decidido dedicarlo a reflexionar sobre el bloqueo que supone preocuparnos por lo que probablemente “no va a ocurrir”.

Es lo habitual, ante cualquier asunto nos adelantamos a su final, le damos vueltas aunque no vayamos a resolver nada con ello, enumeramos mil posibilidades de que ocurra lo más inverosímil, vemos fantasmas por todos lados y todo esto nos lleva a bloquearnos.

Así que te propongo que te OCUPES cuando las cosas pasen y no te PREOCUPES cuando no han pasado aún. Lo más probable es que existan mínimas posibilidades de que ese trágico final que tienes en tu cabeza ni siquiera vaya a suceder.

Nos preocupamos en exceso cuando tomamos decisiones: nos asalta la duda de si hemos hecho lo correcto, surge la eterna pregunta de “¿qué pasaría si hubiese elegido la otra opción?,  nos montamos una película digna de Óscar con personajes, trama y fatal desenlace “en caso de que  se dé el peor escenario posible”.

Y no disfrutamos, tratamos de resolver un problema que no existe, adelantamos acontecimientos e invertimos energía en algo que ahora mismo no debería ocupar nuestro tiempo. Mejor ocuparse cuando suceda, que no preocuparse de lo que no ha ocurrido.

Si te preocupas demasiado, te animo a cambiar tu pensamiento por “ya me ocuparé cuando sea necesario” y te invito a reflexionar sobre estos puntos:

          Hay cosas que no puedes controlar y van a ocurrir pase lo que pase (¿para qué preocuparse?, ocúpate y enfréntate a la situación cuando suceda).

          La mayoría de las veces centramos nuestra preocupación en el escenario más negativo y casi seguro el que tiene menos probabilidades de ocurrir.

          Cuando hacemos el guion de nuestra película, solemos escoger el drama. Que sepas que también están las comedias y los musicales, ya puestos a inventar ¡elige algo alegre!

          Piensa si realmente el abanico de preocupaciones te sirve para algo, es decir, si te está dando pistas para resolver el problema cuando realmente ocurra. En muchas ocasiones, ni siquiera tenemos toda la información y por muchas vueltas que le demos, hay datos que son imprescindibles para medir el grado de preocupación.

          Si la preocupación es 100% real y tiene el 100% de probabilidades de ocurrir, vete ya pensando en cómo ocuparte y generar soluciones o alternativas para el momento en que suceda. Dicho de otra forma: pasa a la acción.

          No dejes que nuestro amigo “Y SI” siga formando parte de tu círculo, invítale a marcharse en cuanto le veas aparecer.

En este 2018 que iniciamos…sigue ocupándote de ser feliz, no lo comiences preocupándote por si dejas de serlo.

¡Feliz Año Nuevo!

 

 

LLEGÓ DICIEMBRE…¿HACEMOS BALANCE?

Llegó diciembre…nos suele gustar hacer balance del año, ver si ha pesado más lo positivo que lo negativo, esperar que el que viene sea aún mejor, desear que no se repita otro  tan malo como este, cambiar aquello que no nos ha gustado.

Y yo te pregunto… ¿crees que está en tu mano cambiar las cosas?

¿Hasta qué punto te has dejado llevar por las circunstancias,

por lo que te dicen los demás,

por reflejarte en quién no debes,

por no haber sido objetivo con tus metas,

por creer que todo está fuera de tu alcance,

por pensar que, solo un mínimo porcentaje de lo que ocurre, lo puedes controlar?

Seguimos centrándonos en lo más fácil de gestionar, es decir: como lo que ocurre a nuestro alrededor no lo podemos controlar, le atribuimos las causas de todos nuestros males.

Y no digo que tú seas el único responsable de tu situación, en absoluto, pero sí eres responsable de la actitud que tienes ante la situación. Y eso sí lo puedes controlar.

A lo largo de este año, he impartido talleres, cursos, charlas y he realizado programas de acompañamiento y uno de los primeros aspectos a trabajar es la motivación y la actitud.

Una vez que les motivas y les generas confianza en que conseguirán el objetivo, las cosas empiezan a cambiar.

Y el cambio comienza cuando tomas la decisión de ser protagonista y no víctima, cuando dejas de quejarte y de compadecerte, cuando no permites que las personas tóxicas sigan dirigiendo tu vida, cuando abandonas la idea de que el mundo está en contra tuya.

Así que te invito a hacer cambios para el próximo año, pero no empieces por esa famosa lista de cosas pendientes de hacer, estrategias que quieres cambiar y actividades nuevas que deseas comenzar.

Comienza por ti…

·         Por darle una vuelta a tu actitud

·         Por desterrar las creencias que no te dejan avanzar

·         Por querer hacer (no solo poder y saber hacer)

·         Por ver desde otra perspectiva

·         Por dejar de culparte por lo que ya no tiene vuelta atrás

·         Por abandonar esas etiquetas que te pones y te han puesto

·         Por ser realista con tu objetivo (no lo compares con el de otros)

·         Por ser “más tú” y menos “lo que quieren los otros que seas”

·         Por mirarte cada día y ver una persona maravillosa en el espejo

·         Por sustituir el “tengo que hacer” por el “voy a hacer

·         Por dejar de retrasar y retrasar aquello que sabes que tienes que hacer

·         Por no desperdiciar ni una oportunidad de conocer personas

·         Por hacer cada día, al menos, una cosa que no te guste hacer

·         Por darle importancia a lo realmente importante

·         Por ver logros en los pasos que vas dando, por pequeños que sean

Piensa primero en ti, invierte tiempo en ti, suelta y comparte las emociones que hay en ti…ese será el paso que marcará cómo vas a comenzar el Año Nuevo.

Y si me permites hacer mi balance del año, te diré:

          Que nada de lo bueno que me ha pasado lo atribuyo a la suerte

          Que nada de lo malo que haya podido ocurrir lo justifico con la mala suerte

          Que cada vez que siento que me dejo llevar por lo que no puedo controlar, me paro y retomo la situación, pensando en lo que SÍ está en mi mano para reconducirla

          Que el fracaso no es un recorrido perdido, sino que el éxito ha sido llegar hasta ahí

          Que, en ocasiones, hay que perder algo para después ganar

          Que nadie está en su derecho de decirte lo que debes o no debes hacer

          Que la incertidumbre vive a nuestro lado y no queda otra que hacerse amigo de ella

          Que nunca podemos opinar sobre alguien sin conocer la historia que lleva detrás

          Que lo que a mí me sirve, quizá a otro no…y eso es empatía

          Que el aprendizaje más valioso es el que te aportan las personas a las que ayudas cada día

          Que si necesitas ayuda, la pidas y si no te han ayudado, no les guardes rencor

Y lo más importante de mi balance…

Que sigue habiendo personas maravillosas que confían en ti ciegamente, abren su alma, comparten sus vivencias y podrían la mano en el fuego por ti…sin esperar nada a cambio.

 

 

¿OBSESIONADOS CON RETENER TALENTO?

Seguimos usando este verbo que tan poco me gusta: retener. Parece que es obligar, impedir hacer algo, querer tener algo a pesar de…

En vez de retener, mejor hablemos de motivar al talento para que se quede, crear oportunidades para que no quieran irse, cubrir sus necesidades para que quieran quedarse, estar a la altura de sus expectativas para que no huyan.

Dándole una vuelta al término y al hecho de que las empresas buscan talento y desean que ese talento no se vaya de la empresa, me planteo si en algún momento desde la empresa nos hemos preguntado lo siguiente:

¿Qué ocurre cuando las necesidades y las motivaciones de esa persona van cambiando según el momento vital en el que se encuentre?

¿Pueden motivarle las mismas cosas cuando acaba de entrar en la empresa, con 0 experiencia laboral que ahora cinco años después? Evidentemente no.

Si fuera así, ¿son las empresas capaces de quedarse con ese talento para siempre?

O quizás tengamos que ser conscientes que no estamos en disposición de ofrecer lo mismo (ya no a todos los miembros de la organización) sino, a ese miembro que ha ido creciendo, es decir, cumpliendo años y expectativas que no van a ser siempre las mismas y ha ido evolucionando.

Pongamos por caso un recién titulado, 23 años y sin experiencia.

          Llegada a la empresa: su motivación inicial será conocer cómo funciona una empresa y comenzar a introducirse en el mercado laboral. No le importará tanto el sueldo ni el horario ni la distancia. Lo que desea es aprender y adquirir experiencia laboral.

          Dos años después: experiencia suficiente para dominar su trabajo, buscará mayor sueldo e incluso más comodidad en el horario para tener más tiempo para el ocio o vida personal.

          Tres años después: le gustaría promocionar, crecer profesionalmente. Y además, si va pensando en independizarse, el salario no le llega para ello. Por lo tanto, esa promoción debe ir acompañada de un aumento de sueldo lo suficientemente significativo que le permita vivir por su cuenta. 

A partir de ahí llegan los compromisos, la familia, los créditos, los viajes, los pequeños lujos…Y las prioridades cambian, las motivaciones cambian, las expectativas cambian, el horario cambia.

Todos hemos vivido esos momentos vitales, en los que nuestro ritmo y el de la empresa no iban acompasados.

¿Está preparada la empresa para gestionar al mismo ritmo esos cambios?

Lo que antes era prioritario para ti, ahora no lo es y al revés, lo más secundario es ahora un factor determinante en tu vida laboral.

Comienza entonces la búsqueda de otras oportunidades, la fuga de la empresa y la incansable carrera por cambiar de sector o “reinventarse”.

 ¿Por qué?

Porque si lo que ofreces cuando acabo de empezar es un ambiente genial, con eso ya no me basta. Si ofreces un sueldo muy ajustado a cambio de aprender, ya no me interesa. Si el horario no es el mejor pero a cambio tienes posibilidades de asumir responsabilidades, ya no es lo que busco (porque necesito conciliar como sea).

Seamos sinceros: no podemos retener el talento, al menos no el tiempo que la empresa desearía. Tendremos que conformarnos con tener el mejor talento en la empresa, compuesto por diferentes personas que van a ir entrando y saliendo.

Y solo podrán convivir varias generaciones en la empresa en el caso en que les puedas ofrecer a todos lo que va aparejado con su momento vital. Y eso se hace complicado, muy complicado.

El famoso entorno VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo) afecta a las personas que buscan empleo y a los que trabajan, pero es obvio que también afecta a las empresas. El mercado ha cambiado, cierto, la estabilidad es difícil de encontrar, tratamos de asumir que ahora se trabaja por proyectos, por periodos y estos no son eternos.

Pero como empresa, queremos retener al mejor talento (¿la misma persona durante un montón de años?) y nos duele cuando se va, cuando se fuga.

Las empresas se vuelven locas detectando necesidades, estableciendo sistemas de recompensas, investigando sobre la forma de motivar a sus empleados y quizás no son conscientes del momento vital de la persona y de la gran dificultad que supone cubrir las necesidades y motivaciones que van a ir surgiendo a lo largo de la vida de una persona.

Como dijo el gran José Mª Peiró (Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones) en una conferencia hace unos años: “En vez de preguntarnos qué motiva a las personas ¿y si nos preguntamos al revés: motivar qué?”.

EL EFECTO PIGMALIÓN APLICADO A LA BÚSQUEDA DE EMPLEO

El efecto Pigmalión tiene que ver con las expectativas, se define como la creencia que tiene una persona de poder influir en el rendimiento de otra o sobre sí mismo.

En el año 1966, Rosenthal y Jacobson realizaron un experimento basado en la teoría de la profecía autocumplida que consistió en lo siguiente:

Les pasaron un test alumnos de un instituto en el que aseguraban que se medía la capacidad intelectual de los alumnos (no era verdad).

Una vez obtenidos los resultados dividieron a los alumnos en dos grupos:

–          Grupo A: los que mejores notas habían sacado en este supuesto test de inteligencia.

–          Grupo B: los que peor nota habían sacado en el mismo test.

Los grupos no eran realmente así, podríamos decir que estaban incluso hechos al azar ya que la prueba no tenía validez, es decir, no medía lo que debía medir.

¿Qué ocurrió a final de curso?

Que los profesores al tener expectativas más altas con el grupo A, les animaban y esperaban mucho más de ellos que los del grupo B, en el cual, al dar por hecho que eran los “peores”, no esperaban mucho de ellos. Por lo tanto, el grupo A obtuvo unas notas mejores que el B.

Los profesores no se esforzaron mucho con el grupo B, no habían puesto demasiada expectativa.

Esto demuestra que las expectativas que depositamos en los demás, son importantes a la hora de motivar o impulsar determinados comportamientos.

Si tú no esperas mucho de mí, yo no me esforzaré en demostrar lo contrario (hago que tu profecía se cumpla), en cambio si tienes  expectativas y confías en mi capacidad yo también lo haré y trataré de no defraudarte.

¿Cómo aplicamos esto a la búsqueda de empleo?

Trasladando esa expectativa a lo que yo espero de mí mismo:

–          Si no crees en ti, buscarás mil excusas para justificar por qué no has hecho bien esa entrevista de trabajo que tanto deseabas.

–          Si tus expectativas son conformistas “porque está todo fatal” tendrás lo que esperas de la situación, es decir, poco o nada.

–          Si los demás te dicen que a tu edad es imposible encontrar trabajo, no les des el gusto de que se cumpla su profecía.

–          Si tienes una persona cercana que te anima y te motiva porque sabe que eres muy muy bueno en lo tuyo y lo vas a conseguir, no te despegues de su lado.

–          Si otros no lo han conseguido, que sigan esperando, tú te adelantarás a ellos.

–          Si otros sí lo han conseguido, que te sirvan como ejemplo de que se puede encontrar empleo a pesar de todo.

Sigo encontrando muchas personas en búsqueda que lo único que necesitan es creer en sí mismas y tener autoconfianza en su capacidad para afrontar una “situación temporal que se va a resolver”, así llamo yo a la búsqueda de empleo. Y gracias a tu actitud y a las expectativas que tengas, la solución llegará mucho antes de lo que imaginas.

Es curioso cómo en los programas personalizados de orientación que realizo, después de la primera sesión empiezan a ocurrir “cosas” (como yo digo). Les empiezan a llamar para entrevistas, ponen el foco en su objetivo y avanzan sin pausa hacia él.

¿Y qué crees que hago yo? En primer lugar, crearles la expectativa y hacer que confíen en que lo van a conseguir. Puedes llamarlo motivación… y no te imaginas el poder que tiene en el desarrollo de las personas. Es el punto clave para pasar de “decir que voy a hacer” a “realmente hacer”.

¿Estás preparado para que tu profecía también se cumpla?

 

QUERIDO JEFE: ¿PARA CUÁNDO UN AUMENTO DE SALARIO…EMOCIONAL?

¿Sabéis cuánto tiempo dura la motivación tras un aumento de salario? Entre dos y tres meses, pasado ese periodo volvemos a estar igual que al principio: desmotivados.

“Pues no lo entiendo”, dirá el empresario,” si te pago más, estarás más contento porque tú vienes a trabajar por dinero, ¿no?”

Un contrato laboral es una contraprestación entre empresa y trabajador: tú haces esto y yo te pago por ello. ¿Cuánto hace que el mundo laboral ya no funciona así?

Existen otros factores, además del económico que hacen que yo quiera (o no quiera) seguir trabajando en tu empresa, porque el mismo salario o más podrían ofrecérmelo en otra.

Por poner un ejemplo cotidiano: ¿qué motivos tenemos para ir a comprar un producto a una tienda y no a otra? El trato del personal, la rapidez, la solución a cualquier incidencia, el servicio postventa, la accesibilidad, el horario, el asesoramiento especializado, el hecho de satisfacer nuestra necesidad…

E incluso si fuera algo más cara, probablemente seguiríamos siendo fieles a esa tienda.

Lo mismo ocurre con las empresas: el producto (salario) lo ofrecen todas (unas más que otras…¡sí!), pero el salario emocional sólo unas pocas.

¿Qué es salario emocional?

Lo que busca es aumentar la motivación de los empleados con el fin de conseguir trabajadores satisfechos que contribuyan a la mejora de la productividad de la empresa.

Algunos ejemplos de salario emocional serían los siguientes:

–          Flexibilidad horaria: tener un margen de entrada y de salida, adaptar los horarios para conciliar al máximo, compensación de horas.

–          Teletrabajo: evitar el “presentismo” de 8 horas diarias. Hay muchos trabajos en los que no es necesario estar en la oficina, se puede avanzar trabajo desde casa o en las horas más convenientes para el trabajador. Se trata de trabajar por proyectos, por objetivos y no tanto por estar X horas en tu puesto.

–          Reconocimiento: elogiar, reconocer el trabajo bien hecho, dar la enhorabuena a los miembros del equipo. Hacerles sentir partícipes de los éxitos de la empresa.

–          Potenciar el talento: darles herramientas para avanzar profesionalmente, tener un plan de carrera individual, pedirles opinión constantemente, solicitar ideas y propuestas nuevas. Dar rienda suelta a la creatividad, escuchar siempre todas las aportaciones y darles valor.

–          Clima de confianza: crear un ambiente que propicie la confianza en el equipo, que planteen sus preocupaciones con total libertad, asegurarles una solución a cualquier problema planteado. Tener la seguridad y confianza en que la persona es lo suficientemente responsable para gestionar su tiempo y entregar su trabajo en plazo.

–          Favorecer la comunicación: flujo ascendente y descendente. La falta de comunicación provoca situaciones de incertidumbre, trato diferenciador entre los miembros de un equipo, competitividad entre departamentos (lo que yo sé, a ti no te lo digo y juego con ventaja) y lo más peligroso en una empresa: genera rumores, muy difíciles de detectar y lograr parar.

–          Disponer de un ambiente físico confortable: espacio de trabajo adecuado, medios, equipos  y materiales disponibles, mobiliario cómodo y funcional, maquinaria ergonómica, confort térmico. Las condiciones ambientales influyen en gran medida en el desempeño de cualquier tipo de trabajo.

–          Diseñar un plan de acogida: dar la bienvenida a los nuevos trabajadores, explicarles en detalle el funcionamiento de la empresa, asignarles un mentor, fomentar que pregunten todas las dudas sobre su trabajo, explicarles el sistema de evaluación del desempeño, presentarles al resto de departamentos. En definitiva, hacerles sentir parte de la empresa desde el principio.

–          Ser detallista: felicitar por el cumpleaños, preguntar por las vacaciones, interesarse por la salud de un familiar, ser considerado si existe una situación personal delicada, dedicarle tiempo si necesita hablar o desahogarse en un momento determinado.

Por otro lado, existen otras medidas que si bien requieren inversión por parte de la empresa, también es cierto que repercuten en el aumento de la productividad:

  • Beneficios sociales: planes de pensiones, seguros médicos, cheques de comedor, becas a estudios.
  • Promoción de hábitos saludables: bonos de gimnasio, bicicletas a disposición, menús saludables en comedores.
  • Organización de eventos deportivos, actividades de outdoor training o fiestas para trabajadores y familias.
  • Premios a la productividad: regalos, viajes, cheques descuento.
  • Permisos por motivos personales o familiares: cumpleaños, fiesta fin de curso.

¡Y qué decir de la cesta de Navidad: imprescindible en todas las empresas!

El salario emocional tiene sentido siempre y cuando el trabajador tenga cubiertas sus necesidades económicas, si se siente bien remunerado ofrece muchas ventajas. De nada sirve si partimos de unas condiciones salariales no acordes a la valía de la persona ni de su trabajo, el salario emocional es un plus a una base económica adecuada.

¿Qué conseguimos con el salario emocional?

–          Conservar el talento

–          Compromiso con el equipo y con la empresa

–          Desarrollo profesional

–          Motivación para proponer, crear y conseguir objetivos

–          Identificación con la marca

–          Aumento de la productividad

–          Sentimiento de pertenencia al equipo

–          Buena reputación e imagen positiva de la empresa

Querido jefe: ¿realmente cuesta tanto que subas mi salario emocional?

¡Claro que cuesta! Porque el salario emocional habla de PERSONAS no de nóminas, del trato con ellas, de la empatía, de comprender, de darles valor y de hacerles sentir que su trabajo es importante.

¿Cuántos están dispuestos a invertir en inteligencia emocional?


Este miércoles día 4 de octubre a las 19:00 horas impartiré una MasterClass on-line gratuita sobre Inteligencia Emocional. Si te apetece saber más sobre este tema y cómo puede ayudar a tu desarrollo profesional, puedes inscribirte en este enlace:

http://www.europeanquality.es/479/masterclass–inteligencia-emocional

 

EL PROFUNDO DESEO DE SENTIRNOS IMPORTANTES

Leer el libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” de Dale Carnegie (¡publicado en 1936!) fue todo un descubrimiento. Y eso que el título no le hace un gran favor, más bien parece el típico libro de autoayuda y así es cómo definen al autor en muchas biografías: “escritor de libros de autoayuda”.

Yo diría que es un libro en el que aprendes claves sobre el comportamiento de las personas, cómo reaccionan ante las situaciones, cómo influye la comunicación en nuestro entorno, cómo crear relaciones sólidas y sinceras con los otros, cómo negociar y cómo conseguir que los otros compren lo que les quieres vender.

Porque Carnegie comenzó como vendedor de cursos por correspondencia a principios del siglo pasado…tiene su mérito. Fue un brillante comercial en diferentes sectores y existe aún hoy en día un programa que se imparte por todo el mundo, basado en el curso que él mismo impartió durante muchos años con resultados inmejorables y una excelente reputación en el ámbito de los negocios.

¿Para qué te sirve este libro?

Para ser consciente de que es posible cambiar el comportamiento de los demás si cambiamos nuestra actitud hacia ellos, tomando como punto de partida la forma en que nos comunicamos. Es un libro que te lleva a reflexionar, con ejemplos reales de situaciones que se han dado a lo largo de la historia y en los negocios y con resúmenes a modo de recetario al final de cada capítulo.

Sin embargo, lo realmente revelador para mí ha sido esta frase de John Dewey (filósofo, psicólogo y pedagogo estadounidense) que cita en el libro:

 “El impulso más profundo de la naturaleza humana es el deseo de ser importante”

Si lo aplicamos a nuestra vida personal y profesional nos daremos cuenta de lo determinante que es el hecho de sentirnos importantes:

–          Cuando alguien nos escucha con atención

–          Cuando te llaman por tu nombre o se acuerdan de tu nombre

–          Cuando te dan la enhorabuena por algo que has hecho o que te ha ocurrido

–          Cuando se alegran por ti

–          Cuando alguien te envía un correo o te llama por teléfono

–          Cuando te piden un favor

–          Cuando les interesa tu criterio u opinión sobre un tema

–          Cuando te elogian y valoran tu trabajo

–          Cuando cuentan contigo para una comida, una cena o un evento familiar

–          Cuando te invitan a acudir a encuentros profesionales

–          Hasta cuando te dan un “me gusta” te sientes importante

¿Somos conscientes realmente de que la base de nuestras relaciones interpersonales pasa por hacer sentir al otro importante?

Tal como a nosotros nos gusta sentirnos así, a los demás también (principio básico de la empatía).

No hay mejor forma de establecer una sólida relación con otras personas que hacerles sentir importantes.

Los niños de pequeños reclaman atención constantemente (“mira qué hago mamá”) porque sienten el deseo de sentirse importantes. El niño que recibe a su nuevo hermanito, acaba sintiéndose como un príncipe destronado, es lógico, tiene miedo a dejar de ser importante.

Y si aplicamos este principio al mundo de la empresa, me gustaría que probaras lo siguiente:

  • Haz que tus compañeros se sientan importantes
  • Haz que cada persona de tu equipo se sienta importante
  • Haz que tu cliente se sienta importante a la hora de atenderle
  • Mira a los ojos a las personas para que se sientan importantes
  • Escúchales con atención y no pienses en tu argumento si quieres que se sientan importantes
  • Concédeles el tiempo necesario para que expongan su problema y deja lo que estés haciendo para que vean que son importantes para ti
  • Pregúntales cómo están ellos y su familia, qué tal han pasado las vacaciones y demuestra que sí son importantes
  • Interésate por temas que les apasionen para que, al hablar de ellos, se sientan importantes: hobbies, libros, películas, deporte…
  • Haz elogios hasta de los pequeños avances, así se sentirán importantes

Y sobre todo: hazlo con sinceridad, con el corazón, no es una técnica que hay que aprender a utilizar, es una actitud ante la vida, es una forma de comportarte con los demás.

Porque como dice Javier Cebreiros en una de sus charlas TED “no vengo a convencerles de nada, vengo a contarles cosas de las que yo estoy convencido”.

Muchas gracias por leerme, me has hecho sentir realmente importante.

 

 

SI NO ME CONOCEN EN REDES SOCIALES ¿NO TENGO MARCA PERSONAL?

Cuando hablamos de marca personal en búsqueda de empleo es lógico que en algún momento surjan estas preguntas:

“Yo no me muevo mucho en redes sociales ¿entonces no tengo marca personal?”

“Mi trabajo o profesión no se puede mostrar en un blog, además, no se me da bien escribir, no tengo de qué escribir…que no le veo sentido a tener un blog ¿no existe otra forma de que me conozcan y me valoren como profesional?”

Por supuesto, hay vida más allá (y más acá) de las redes sociales y los blogs, lo que trato de explicar cuando aparece el debate en los cursos es que la marca personal la tenemos todos, es lo que dicen de ti, es la valoración que la gente hace de ti, es la huella que dejas en los demás. Y ese recuerdo, esa imagen puede observarse en el mundo real y en el virtual.

¿Qué ocurre? Pues que en el 2.0 tienes más oportunidades de que te conozca más gente, la ventana es mucho más grande, se te abren las puertas a conocer personas que de otra forma sería muy difícil, generas una red de contactos y personas que pueden ayudarte en algún momento determinado, aprendes de las publicaciones y artículos de otros, aportas tu punto de vista (profesional, coherente y sin entrar en polémicas) y te haces visible.

Así visto, parece que o me muevo en redes sociales o nadie va a saber que existo…

Bueno, tampoco es para ponerse dramático: tú existes y tu marca también, lo que pasa es que no te ven y si no te ven…no te pueden conocer. Pierdes oportunidades o no llegas a ellas y eso quiere decir que otros se te van a adelantar porque se enterarán antes de lo que pasa, mostrarán su marca antes que tú y los que buscan talento se fijarán más, o tendrán más en mente, a aquellos que interaccionan en redes y se muestran.

El objetivo último es que los reclutadores o personas que puedan servir de puente entre el seleccionador y tú, tengan tu carita en su cabeza cuando se presente una oportunidad de empleo. Que si yo busco un profesional del área financiera, lo primero que se me venga a la cabeza seas tú…y te aseguro que hay personas que lo están haciendo muy bien.

Y te cuento ahora el punto de vista del que observa: imparto mucha formación y en cada curso conozco una media de 15 personas ¿crees que puedo quedarme con la cara, el nombre y la profesión de todos? Me encantaría, de verdad, pero es imposible.

Sin embargo, te puedo asegurar que hay un porcentaje de personas que tengo siempre en mi cabeza, que cuando veo una oferta o me surge una necesidad se me vienen a la mente.

¿Por qué? Porque me han transmitido su marca en el aula o en el café o después de haber terminado el curso, porque se han molestado en diferenciarse y en mostrar su talento y tienen muy claro su objetivo profesional. Y esa es la marca personal del mundo real, del 1.0.

Y una vez que les he conocido en persona, les sigo viendo en redes, interactúan, comentan, publican, te escriben de vez en cuando y no se me olvidan sus nombres ni sus caras ni dónde les he conocido porque siguen siendo visibles para ser recordados, siguen mostrando su saber hacer y no desaparecen de repente: la constancia es su mejor aliada.

Y no digo que sin las redes no puedas trabajar tu marca…pero es más difícil porque llegas a muchas menos personas (y puede que no las que ofrecen oportunidades de empleo), sólo las de tu alrededor y posibles recomendaciones.

El tema es que si te veo cada 4 o 5 meses no es fácil que me acuerde de ti en el momento en que tu nombre debería venirme a la cabeza, porque quizás he visto una oferta que te puede interesar o alguna persona me ha preguntado por algún profesional de tu campo.

¿Y cómo muestro mi marca personal sin redes sociales?

Te voy a poner un par de ejemplos:

  • Los fines de semana suelo tomar el vermut en una cafetería muy cerca de mi casa, en ese lugar hay cuatro camareros trabajando y me han atendido todos en muchas ocasiones, pero ¿sabes qué? Que yo prefiero a Cris. Y no es que los otros atiendan mal, en absoluto, son correctos y hacen su trabajo muy bien. Pero Cris no sólo es correcta y lo hace muy bien, aporta valor a lo que hace: te saluda con una sonrisa de oreja a oreja (aunque esté agotada), siempre te pregunta qué tal y expresa su alegría al vernos, charlamos un poco sobre el tiempo o lo que sea,  sabe lo que te gusta, te asesora en vinos nuevos, conoce perfectamente qué tipo de vino te puede encajar,  sabe el que te ha servido el fin de semana anterior, el que más te ha gustado, te hace un corazón con la espuma del café, ve desde la barra el billete que has sacado para pagar y ya te trae la vuelta  y además le hace gracias a mi perro… Esa es su marca personal.

 

  • Imparto formación en ocasiones en varios Centros Municipales de mi ciudad y en todos ellos los conserjes son muy amables y dispuestos (con una excepción). Pero en uno de ellos, hay un chico que se distingue de los demás: donde otros te dan los buenos días y te indican el aula o te acompañan el primer día, este chico te da los buenos días, te acompaña todos los días al aula, espera a que enciendas el proyector y se asegura de que funciona, además te va dando conversación hasta el aula, se preocupa si has tardado mucho en aparcar, si has dejado muy lejos el coche y hasta te asesora sobre el mejor lugar dónde dejarlo…Esa es su marca personal. Y ya ni os cuento cuando tengo una jarra con agua y un vaso de cristal preparado en la mesa.

 

Con esto te quiero decir que en todos los trabajos y profesiones podemos aportar valor, hasta tareas que nos parecen sencillas dentro de nuestro día a día, nuestro trabajo se ve, se palpa, siempre estamos dejando huella y los demás lo ven ¡vaya si lo ven!

Y hacerlo de esa forma que sólo tú sabes, es lo que te diferencia, lo que hace que dejes una imagen en los demás…que no debe ser otra que lo que eres y lo que sabes hacer.

Y en búsqueda de empleo se nos dan muchas oportunidades en las que puedes mostrar cómo eres y debes ser consciente de que tu forma de actuar, de hablar o de dirigirte a los demás en un networking, en un curso, en una charla, en un programa de búsqueda  o cuando dejas un CV en una empresa, puede sellar esa diferencia y hacer de tu marca personal tu mejor carta de presentación.

 

TOLERANCIA AL FRACASO ¿EN QUÉ NIVEL ESTÁS?

El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia”. Henry Ford.

Esta es una excelente frase que transmite optimismo y refuerza positivamente el concepto de fracaso, ¿verdad?

Vamos al diccionario de la Real Academia Española entonces:
fracaso
De fracasar.
1. m. Malogro, resultado adverso de una empresa o negocio.
2. m. Suceso lastimoso, inopinado y funesto.
3. m. Caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento.
4. m. Med. Disfunción brusca de un órgano.

¿Con qué concepto nos quedamos?

El fracaso siempre es entendido como algo negativo: cometiste un error, has hecho algo mal, no has conseguido el éxito, te has dado un batacazo, ya es la segunda vez que te pasa…¡eres un desastre!

Cuando hablamos de emprendedores, hoy en día que tanta gente ha decidido crear su propio negocio, elaboramos de alguna forma una serie de características que deben tener o creemos que tienen:

– Constancia
– Esfuerzo
– Perseverancia
– Autoconfianza
– Capacidad de trabajo
– Asunción de riesgos
– Conocimiento
– Habilidades negociadoras
– Orientación a resultados
…Y muchas más!

Pero no se menciona demasiado una que es imprescindible: la tolerancia al fracaso.
Que no es otra cosa más que volver a levantarse e intentarlo de nuevo después de caerse, ni más ni menos.

Ya desde pequeños nos castigan por cometer errores, con lo cual en la empresa continuamos con esa dinámica: criticamos los errores de los demás, llamamos la atención a alguien por un fallo, le miramos por encima porque no ha sido capaz de conseguir esto o aquello, ponemos como ejemplo del mal hacer a los que han fracasado y nosotros mismos tratamos siempre de no desvelar nuestros errores y si podemos echarle la culpa a otro, ¡mejor!

Deberíamos crear una “cultura del fracaso”, enseñarlo como asignatura incluso, porque el que ha fracasado, ha aprendido y esa es la lección más importante.

Si seguimos fomentando la baja tolerancia al fracaso, no seremos capaces de levantarnos y seguir, no tendremos ganas de intentarlo de nuevo, no querremos poner algo en marcha por el miedo a no conseguirlo, no diseñaremos estrategias innovadoras por si erramos, no seremos nosotros mismos con nuestros defectos porque nos castigarán, no nos tiraremos a la piscina a no ser que el agua esté bien arriba, no arriesgaremos por lo que creemos y cuando nos caigamos, no seremos capaces de ponernos en pie ni de volver a intentarlo.

En Estados Unidos, cuando un emprendedor que busca inversores presenta su proyecto, valoran positivamente que ya hayan iniciado alguna actividad empresarial previa y no lo hayan logrado. Hasta les preguntan: ”¿Cuántas veces lo has intentado antes?”.

Esta pasada semana se emitió una entrevista a Ángel Nieto que me sorprendió bastante por la forma en que enfocaba todo lo que le había pasado (siendo de familia humilde sin ninguna vinculación con el mundo de las motos) hasta conseguir ser corredor de motos, que era su sueño.

Su actitud de perseverancia y sobre todo, de tolerancia al fracaso fueron determinantes en su carrera deportiva. Una de las frases que me quedó grabada es que cuando llevaba dos años seguidos ganando mundiales, llegó una racha en la que no ganaba carreras y decía: “Y cuanto más perdía, más ganas tenía de seguir corriendo, casi tenía más ganas cuando perdía que cuando ganaba”. Gran ejemplo de alta tolerancia al fracaso, ¿no os parece?

Como dijo Franklin D. Roosevelt: “en la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada”.

Y tú, ¿en qué nivel estás?: ¿fracasado exitoso o tocado y hundido?


Nota: este post se escribió por primera vez en Junio de 2016 y he querido recuperarlo en mi blog para hacerle un homenaje a Ángel Nieto por haber inspirado el artículo y en su memoria con motivo de su fallecimiento el 3 de agosto de 2017. DEP campeón.

FOTO: circuito del Jarama, 1984. Autor: Ricardo Gutiérrez.

 

CÓMO SACAR PARTIDO A TU C.V.

Hacer un curriculum es relativamente sencillo si nos limitamos a enumerar nuestra formación, experiencia y funciones desempeñadas, si todo está ordenado cronológicamente y el formato es correcto. Hasta ahí bien: sabes lo que es hacer un curriculum.

Yo voy más allá…

¿Qué distingue tu CV del resto?

¿Qué diferencia hay entre un CV y un BUEN CV?

Lo que aporta valor a tu CV es la diferencia con los demás: tú y tu CV sois únicos y tienes que demostrarlo.

IMAGEN POSITIVA

Transmitir una imagen positiva de tu CV es esencial, se te tiene que meter en la cabeza que no es una autobiografía (hice, trabajé, desempeñé, estudié…), es tu documento de venta, tu folleto, tu catálogo donde ofreces lo mejor de ti y donde tienes la oportunidad de venderte.

Intenta transmitir qué valor aportas, que no eres como los demás, que tus logros tienen que aparecer, que tienes que huir de frases hechas y de lo que hace “todo el mundo”.

Para transmitir esa imagen positiva es importante que tu CV tenga una armonía, que comunique coherencia y profesionalidad. Mucho cuidado con el formato cargado de distintos tipos de letra, negritas, colores y sobre todo: fuera floripondios.

¿Y las redes sociales? Nuestra imagen está hoy en día a la vista de todos.

Este tema es amplio y profundo, no obstante una recomendación básica que te hago: cuidado con los grupos de los que formas parte que se dedican a colgar ofertas, si comentas algo, que sea con educación y respeto, evita entrar en polémicas y no respondas a cualquier provocación.

En estos grupos tu imagen es muy importante, puede haber reclutadores dentro del mismo o personas que observan el comportamiento de los miembros y en caso de necesitar un candidato tienen muy claro quién no les interesa.

PIENSA EN EL RECLUTADOR

Al otro lado del correo electrónico hay una persona, tenlo en cuenta.

Esa persona que recibe tu CV sólo le dedicará menos de un minuto a verlo y en ese tiempo observará: estructura, funciones, empresas, formación, fechas, ortografía, redacción y foto.

Así es, le da tiempo a ver todo eso y a decidir si tu CV le interesa, si le aporta valor, si le transmite lo que busca, en definitiva, si te va a llamar para una entrevista.

Por eso, te sugiero que te pongas en su lugar y te preguntes lo siguiente:

– ¿Te llamarías para una entrevista de trabajo?
– ¿Aportas información de valor?
– ¿Eres realmente lo que transmites en el CV?
– ¿Sólo tú entiendes tu CV?


RESALTAR LO QUE NOS INTERESA

A todos nos gusta que nos miren el perfil bueno, nos gusta salir bien en la foto, que no se noten esos defectillos que todos tenemos…lo mismo en tu CV.

Tendremos que poner foco en lo que nos interesa y hacerlo atractivo. Una forma de hacerlo es resaltar logros, funciones concretas o hacer hincapié en formación destacada.

Aquello que no aporta nada y que además nos perjudica, se va fuera.

Para poder resaltar lo que nos interesa tendrás que volver a hacer un ejercicio de empatía con el reclutador y preguntarte:

-¿Qué hace que el otro me vea interesante?

-¿Qué puede ver en mí?

-¿Cómo le vendo que yo soy el que busca?

-¿Qué solución le puedo aportar?

ATRÉVETE A INNOVAR

Las cosas claras: el CV es dinámico, lo cambiarás las veces que sea necesario (y así debe ser), no te límites a ir añadiendo cursos o experiencia sin más, como si fuera la lista de la compra.

Escucha sugerencias, busca la opinión de personas objetivas, investiga otros formatos, no copies plantillas…trata de innovar y ser creativo.

Y ¿por qué no? Arriesga alguna vez.

¿Te atreverías a…

hacerlo en infografía?
añadir referencias a tu blog?
buscar palabras que transmitan algo más?
hacer cosas diferentes para obtener resultados diferentes?

REFLEXIONES Y ERRORES

Una vez que hayas elaborado tu CV, te invito a lo siguiente:

Que lo mires con otros ojos
Que pidas opinión a los demás
Que pienses (y mucho) sobre tu objetivo
Que lo analices cada vez que lo envíes
Que le des mil vueltas hasta que lo quieras de verdad

Y por último, te contaré lo que NO tiene perdón:

– Faltas de ortografía: nadie está libre de tenerlas, pero el Word ¡tiene corrector! Si ves una palabra marcada en rojo, comprueba su ortografía.
– Envío sistemático del mismo CV para todo, para todos y en todos los casos.
– Enviarlo “por si suena la flauta”. En el 99% de los casos no suena ni la flauta, ni la trompeta, ni el trombón, no pierdas el tiempo.
– Enviarlo en Word: conviértelo siempre a PDF.
Mentir: te van a pillar siempre, tarde o temprano, pero te pillan.
– No verte reflejado en tu CV y no hacer nada para cambiarlo.
– Pensar que el seleccionador es adivino y sabe lo guay que eres…¡tendrás que contárselo!

Y cuando estés preparado para imprimirlo en formato póster para que lo vea todo el mundo, entonces estarás orgulloso de tu CV y de hacérselo llegar a aquellas empresas u ofertas que sean de tu interés.