QUÉ APRENDÍ (Y DESAPRENDÍ) A LOS 40

Hoy es mi cumpleaños, nací un 13 de noviembre, no puedo decir que sea supersticiosa, ese número me acompaña siempre. Creo que hasta hice lo posible por nacer ese día, porque me adelanté una semana. Para mí no existe la mala suerte, ni el 12+1, sólo trato de evitar a veces cruzarme con un gato negro.

Cumplo 40, cifra redonda, número que me asusta por un lado y me encanta por otro. Este año, por diversos motivos es diferente, me siento más yo que nunca y me han dicho que tengo un brillo en los ojos que hace un tiempo no tenía.

Y no es que quiera hacer balance de mi vida, que todavía me quedan por lo menos otros 40, sólo me he puesto a reflexionar en lo que he aprendido durante todos estos años.

Y es que aprender también es desaprender; darme cuenta de que lo que antes funcionaba, quizás ahora ya no; que lo que pensaba que debía ser de una forma, puede que tenga que ser de otra; que no podemos anclarnos en nuestras creencias porque sí; que nadie está en posesión de la verdad absoluta y que sin aprender y desaprender es muy difícil avanzar.

–          He aprendido a mirar las situaciones con otra perspectiva. En la importancia de la actitud ante las cosas que nos pasan en la vida.

–    He aprendido a ser más paciente. A no querer que todo pase inmediatamente, a esperar y a comprobar que esa espera tiene recompensa.

–         He aprendido a quererme mucho más. A valorarme por lo que soy y por lo que hago, a no estar pendiente de lo que digan los demás; eso sólo me hace daño.

–      He aprendido lo bonito que es amar, ser amada y enamorarme cada día de la persona que ha decidido caminar a mi lado en este apasionante viaje que se llama VIDA.

–      He aprendido a ser más generosa. A no esperar nada a cambio, a hacerlo porque sí, porque en cierta forma la generosidad suele tener recompensa y si no la tiene, no pasa nada.

–  He aprendido que gracias a mis padres sé lo que son los valores fundamentales de las buenas personas: la humildad ante todo.

–      He aprendido que lo que tenía que haber sido y no fue, lo que creí que me merecía y no ocurrió, no debe atormentarte a cada paso que doy. Que cuanto antes acepte que en ocasiones la vida no es justa, mejor me irá.

–       He aprendido a dejar personas en el camino que suponían un lastre para mí. Que el que te quiere y te valora de verdad, lo demuestra con hechos.

–     He aprendido que aun siendo adulto, puedes seguir conociendo personas maravillosas que se convierten en amigos, aunque no te hayas criado con ellos.

–     He aprendido que existen personas egoístas y envidiosas que están esperando a verte caer. Y también, que hay muchas más que te dan todo lo que tienen y están ahí para ayudarte a que no lo hagas y, si al final te caes, te tienden su mano para levantarte.

–       He aprendido lo que significa la lealtad y me la ha enseñado un animal: un perrito que se llama Keiko. Ahora sé lo que significa el amor incondicional y la ausencia de rencor que deberíamos aprender de ellos.

–      He aprendido que es mejor hacer el camino acompañado, que la soledad es necesaria cuando la elegimos en determinados momentos.

–    He aprendido a ser más generosa conmigo misma y hablarme con dulzura, igual que hago con los demás.

–      He aprendido a apreciar mis pequeñas arrugas alrededor de mis ojos y verlas como todos los momentos en los que me he reído tanto y los que me quedan por disfrutar.

–       He aprendido que quizás la vida no sea tan complicada como creemos, que probablemente nosotros la hacemos así y que parece que tiene que ser así.

–        He aprendido que ser feliz es una opción y está en nuestra mano decidir si lo queremos ser o no.

–       He aprendido que llorar es de valientes. Que las lágrimas muestran tu alma (y eso es de valientes), que te limpian por dentro y que son realmente necesarias.

–       He aprendido a saltar sin red, a tirarme a la piscina sin agua, a intentar ver qué hay al otro lado del miedo. A saber qué me estoy perdiendo por miedo a perder.

–      He aprendido que tu valor eres tú, que las personas somos únicas e irrepetibles y que debemos dejar de castigarnos y sentirnos culpables.

En definitiva, he aprendido a ser yo, a aceptar que uno no es perfecto, que no le puedes gustar a todo el mundo y que la vida me ha regalado un viaje increíble que merece la pena seguir disfrutando.

Si por casualidad, hoy también es tu cumpleaños… ¡muchas felicidades!

 

 

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4 comentarios en “QUÉ APRENDÍ (Y DESAPRENDÍ) A LOS 40

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